05.05.06
Matar un ruiseñor
Autor: Harper Lee
Maycomb era una población antigua, pero cuando yo la conocí también era una población fatigada. En los días lluviosos las calles se convertian en un barrizal rojizo; la hierba crecía en las aceras, y el edificio del juzgado parecía que iba a desplomarse sobre la plaza. En verano hacía mucho calor;los perros sufrían durante el día y las flacas mulas enganchadas a los carros espantaban moscas a la sofocante sombra de las encinas de la plaza. A las nueve de la mañana, los cuellos duros de los hombres perdían su tiesura. Las damas, se bañaban antes del mediodía y después de la siesta de las tres,pero al atardecer estaban como blancos pastelillos recubiertos de sudor y talcos.
La gente se movía despacio. Cruzaba cachazudamente la plaza, entraba y salía de las tiendas con paso calmoso,se tomaba su tiempo para todo.El día tenía 24 horas, pero parecía más largo.Nadie tenía prisa,porque no había a donde ir, nada que comprar ni dinero para comprarlo, ni nada que ver fuera de los límites del condado. Sin embargo, era una época de vago optimismo para algunas personas: Al condado de Maycomb se le había dicho que no tenía nada que temer.
Atticus, Jem y yo, además de nuestra cocinera Calpurnia, vivíamos en la principal calle residencial de la población. Jem y yo hallábamos a nuestro padre plenamente satisfactorio: jugaba con nosotros, nos leía y nos trataba cortesmente.
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