16.02.10

La cinta blanca


Publicado por Cine

Su director; Michael Haneke, en estos momentos  es reconocido como uno de los  más prestigiosos directores europeos. Nace en Munich, en 1942, pero siempre ha trabajado en Austria, en la TV vienesa, como director o guionista. A partir de 1989, con su primera película El séptimo continente se da a conocer como un director de características muy definidas: interesante y controvertido.  Entre sus creaciones destacan también  El Castillo (1996), La pianista (2001), Caché (2005),  etc.

Antes de referirme a la película destacaré algunas de las características de este director austro-alemán. En la mayoría de sus filmes aborda e investiga sobre la violencia del ser humano, como un estrato oscuro de su alma. Su provocativa forma de narrar busca, sobre todo, hacer pensar al espectador y sacarle de sus propias convenciones cinematográficas, situándole en encrucijadas donde todo es posible. Gusta introducir fuerzas malévolas que fatalmente actúan con una violencia que sin ser generalmente espectacular, provoca una barbarie que, en muchos casos, es más sugerida que mostrada, pero jamás justificada.

Después de este ligero apunte sobre el director, Haneke, pasaré al comentario propiamente dicho de la película La cinta blana que ha sido ampliamente premiada: Gran Premio FIPRESCI 2009 (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica). Este premio también lo había recibido Caché en 2005, ya que suele otorgarse a películas “arriesgadas”. Palma de Oro (62ª edición) en el Festival de Cannes. Nominada Globo de Oro, mejor película extranjera, ha sido seleccionada por Alemania para representar a este país y aspirar en la entrega de los Oscar “como mejor película de habla no inglesa”. Competirá, por tanto, entre otras, con la hispano-argentina El secreto de tus ojos.

La cinta blanca, presenta los acontecimientos de un pequeño pueblo rural, protestante, del norte de Alemania durante el año 1913,  presidido por la lujosa mansión del Barón, dueño y señor de todas las tierras del lugar.   La primera parte de la película,  resulta un tanto confusa, pues van sucediéndose, sin relación aparente, una serie de personajes que constituyen parte de la pequeña población. Durante toda la película se respira un ambiente siniestro, como siniestra es la educación del Pastor a sus hijos, y siniestras y espeluznantes son las relaciones de los adolescentes. En todo el film hay como una semilla del mal que preside todos los acontecimientos, parece como si un ritual fatalista dominara la totalidad de las acciones.  Hay una serie de sucesos inexplicables y siniestros que mantienen el suspense durante las dos horas y media de la proyección, y que al final no quedan aclarados; es un desenlace abierto, para que cada espectador los soluciones según su criterio.

Todo es turbio y siniestro. Haneke, a través de estos acontecimientos, incita a meditar sobre el origen y la naturaleza de la violencia. Poco o nada interesa quien es el responsable de las diferentes agresiones, pero consigue que los personajes, nos entren y nos interesen, nos conmuevan y nos repelen a partes iguales.

La sociedad que nos presenta la película –un año anterior al estallido de la Primera Guerra Mundial- necesita una renovación,  una limpieza, ¿es el caldo de cultivo para que surgiera el nazismo? En parte sí, la propaganda de la película así lo anuncia, y aunque realmente el nacimiento del nazismo se firmó en Versalles, en 1918, cuando el tratado humilló a Alemania de una forma altamente injusta, no se hubiera desarrollado de una forma tan rápida si la sociedad alemana no presentara un terreno tan abonado para ello.

La película está rodada en blanco y negro, con lo que se consigue una mayor tensión, misterio y dramatismo.

Por último: el título de “cinta blanca” se refiere a la cinta que , siguiendo la concepción educativa, dictatorial e intransigente del Pastor, ponía a alguno de sus hijos cuando habían caído en la impureza y tenían que reformar su actitud.

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